86400

Diciembre 30, 2007 at 12:06 pm (General)

Imagínate que has ganado un premio, todas las mañanas un banco te abriría
una cuenta de 86.400 euros. Como todos los juegos tiene su reglas:
-Todo lo que no te has gastado a lo largo del día, se te retira por la noche. No
puedes hacer trampas, no puedes traspasar el dinero a otra cuenta, solo puedes
gastarlo. Pero a la mañana siguiente, al despertar, el banco te abre otra cuenta con
86.400 euros para ese día.
-El banco puede interrumpir este juego sin previo aviso. En cualquier momento
puede decirte que se ha acabado, que cancela la cuenta y ya no te habre ninguna
más.
¿Qué harías?
Él respondió espontáneamente que se lo gastaría todo en lo que le apeteciera
y en hacer multitud de regalos a la gente que quería. Emplearía hasta el último céntimo
que le diera aquel “banco mágico” en llevar la felicidad a su vida y a la que los rodeaban.
Incluso a la gente que no conocía porque no creía que pudiera gastar esa cantidad en si
mismo y en el resto de sus allegados. Y me pregunto: ¿que me quieres decir con este
juego?
Este banco mágico lo tenemos todos. Es el tiempo. El cuerno de la abundancia de
los segundos que pasan.
Todas las mañanas, al despertar, se nos abonan 86.400 segundos de vida en
nuestra cuenta para ese día, y cuando nos dormimos por la noche no hay suma y sigue;
lo que no se ha vivido en ese día se ha perdido, ayer acaba de pasar. Todas las mañanas
se repite ese prodigio, se nos abonan 86.400 segundos de vida, pero jugamos con esa
regla inevitable: el banco puede cancelarnos la cuenta en cualquier momento sin previo
aviso; en cualquier momento, la vida puede acabar. ¿Qué hacemos, pues, con nuestros
86.400 segundos diarios? ¿No son más importantes unos segundos de vida que unos
dolares?
¿Quieres entender que es un año de vida?
Pregúntale al estudiante que acaba de suspender el examen de fin de curso.
¿Un mes de vida?
Díselo a una mujer que acaba de traer al mundo a un niño y espera que salga de
la incubadora para estrecharlo entre sus manos sano y salvo.
¿Una semana?
Que te lo cuente un hombre que trabaja en una fábrica o en una mina para mantener
a su familia.
¿Un día?
Háblales del asunto a dos que están locamente enamorados el uno del otro y
esperan el momento para volver a estar juntos.
¿Una hora?
Pregúntale a una persona claustrofóbica encerrado en un ascensor averiado.
¿Un segundo?
Mira la expresión de un hombre que acaba de salvarse de un accidente de coche.
¿Una milésima de segundo?
Pregúntale al atleta que acaba de ganar la medalla de plata en los Juego Olímpicos,
en vez de la medalla de oro para la que lleva toda su vida entrenándose.
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